En ALNA creemos que una oportunidad puede cambiar una vida… y una vida puede transformar muchas más.

Hay noches que no solo se viven: se sienten. Y el Encuentro ALNA 2025 fue exactamente eso. Un recordatorio de que, en un país como el nuestro, lleno de retos, sí, pero también de belleza, talento, hambre y ganas, la educación sigue siendo la chispa más poderosa para transformar futuros.

El viernes 21 de noviembre, en el centro de eventos Hall 74, nos reunimos para algo más grande que un evento: nos reunimos para creer, para apoyar y para construir oportunidades reales para jóvenes colombianos que sueñan con estudiar, crecer y aportar al país. Desde el primer momento se sintió la energía especial de la noche: el recibimiento con el encanto de la banda de la Sergio Arboleda y la galería de arte de Salomé Ávila, una de nuestras becadas, daban la sensación de que estábamos entrando a un espacio donde el futuro se celebra con esperanza.

Con la apertura oficial, llegaron las palabras de Natasha Moreno fundadora de Alna y Víctor Hugo Malagón actual Vicerrector de la Universidad Sergio Arboleda, recordándonos el propósito de la Fundación ALNA: abrir caminos, derribar barreras y multiplicar oportunidades educativas para quienes más las necesitan. Y fue entonces, con el video de testimonios de los jóvenes, cuando el corazón se apretó un poco. Escuchar sus historias y entender lo que significa una beca para ellos nos volvió a ubicar en lo esencial: aquí estamos para cambiar vidas, aportar y definitivamente generar un impacto positivo en cada uno de ellos.

Entre emociones y sonrisas, llegó la cena: un menú de tres tiempos espectacular creado por el querido chef Jorge Rausch, que disfrutamos de principio a fin. Y, por supuesto, cada plato estuvo acompañado por un piano en vivo que le dio a la noche un toque íntimo y especial. Para entonces, el ambiente se había convertido en una mezcla perfecta de comunidad, propósito y celebración.

Luego llegó uno de los momentos más divertidos de la noche: el primer bingo. Y tuvimos, contra todo pronóstico, dos ganadoras… que decidieron compartir el premio. Un gesto que resumió mejor que cualquier discurso lo que estábamos celebrando: trabajar en equipo, compartir y construir juntos.

Más tarde volvió el “Espacio ALNA”, donde algunos jóvenes compartieron sus historias en formato de entrevista. Fue un momento íntimo y real; un espacio que nos recordó que detrás de cada oportunidad hay un sueño enorme sosteniéndose en los hombros de una comunidad que cree.

Posteriormente vino uno de los momentos más emocionantes de la noche: la presentación “Vidas que se Encuentran: Conexiones que Transforman Futuros”, a cargo de Lina Parada. Una intervención cargada de sensibilidad, verdad y propósito, capaz de conmover incluso a los más serios. Después de eso llegó el segundo bingo, las rifas y un último espacio para escuchar las voces de más jóvenes que hoy pueden estudiar gracias al apoyo de todos.

Para cerrar la noche, tuvimos el bingo final, un momento cargado de emoción. Todos estábamos atentos a cada balota. Cuando por fin se escuchó el tan esperado “¡BINGO!”, nuevamente aparecieron dos posibles ganadores. Sin embargo, durante la verificación descubrimos que uno de ellos tenía un número errado.

El ganador definitivo fue David Alejandro Bernal, uno de nuestros becados, quien no podía ocultar su alegría. Más que emocionado, estaba profundamente agradecido por todo lo que ha construido junto a ALNA y por cómo su vida ha cambiado gracias a esta comunidad. El momento se cerró con un abrazo enorme y sincero con Martha Rueda, directora de la Fundación, un gesto que resumió la esencia de esta noche: oportunidades que transforman vidas.

El cierre, fue liderado por Carlos Manuel Silva, dándole un agradecimiento especial a todos los que hacen parte de ALNA, y por supuesto nos dejó con una sensación profunda de gratitud y responsabilidad. Fue un recordatorio de que apoyar la educación no es un acto aislado: es una forma de construir país desde lo colectivo, desde lo humano, desde lo que realmente puede transformar.

Así terminó el primer Encuentro ALNA, sabor a futuro. Una noche hecha de historias, de luces, de arte, de música, pero, sobre todo, de propósito. Una noche para celebrar, agradecer y reafirmar lo más importante: cuando creemos en los jóvenes, creemos en el futuro de Colombia.

Si tú también quieres sumarte a esta misión, si crees en la educación transforma vidas, te invitamos a seguir apoyando esta causa. Cada aporte construye futuro, abre caminos y siembra esperanza. Apoya, inspira, transforma. Sigamos abriendo puertas y construyendo futuro juntos.